Viviendo 120 días en una furgoneta. Capitulo 1. Mi aprendizaje.

Viviendo en una furgoneta, 4 meses después.

La magia de simplificar

Si te acabas de unir a este blog, déjame que te invite a leer el post anterior (Link). Es el resumen del último año de <uncafeconreven>. En él te pongo en antecedentes de cómo he llegado hasta aquí, por qué, y cuáles son mis motivaciones para escribir.

-Capitulo 1-

¿Qué me ha enseñado la van Life?

Es cierto, que tanto yo, como vosotros, somos conocedores de lo que voy a hablar en cada uno de estos capítulos. Pero como siempre, mi intención más sincera es la de hacerte reflexionar, volver a pensar en algunos términos, que desgraciadamente acabamos pasando por alto, por el tipo de cultura en la que vivimos, por el ritmo de nuestras vidas o por no haber dispuesto de algunas enseñanzas que dieran lugar a buenos hábitos de salud mental. Y entiéndase, amigo lector, que salud mental es como higiene física, diariamente se debe de atender, sino, caemos en el riesgo de enfermar. Como ejemplo, si falta higiene corporal, nuestra piel enfermará, se formaran bacterias y hongos, y acabarán apareciendo heridas, así mismo ocurre con nuestra mente. Salvo una diferencia sustancial, la piel no enferma a la mente, pero la mente si enferma al cuerpo.

Sabemos que nos sientan bien determinados alimentos, determinadas relaciones, o determinadas formas de pensar. Pero una cosa es saberlo y otra poder ponerlo en práctica. Es sin duda, el paso más difícil, en el que todos los autores de desarrollo personal enfatizan como el más complejo. Y es el de pasar de la sabiduría a la maestría. De tal modo que no sólo es saber, sino saber poner en práctica.

Es mi deseo alcanzar la maestría y que también tú puedas hacerlo. Estos aspectos  que se van a tratar, tal vez los yo haya elegido, o tal vez la vida me los ha señalado como importantes.

SIMPLIFICAR

COLOCAR LA ATENCIÓN EN LO IMPORTANTE

En primer lugar, yo buscaba simplificar, dar más sencillez a mi vida, a mi día a día. Había un montón de cosas que estaban interfiriendo en ella. Mi antena receptora de todas las oportunidades, de todo lo bueno que existe en la vida estaba colapsada por frecuencias negativas y cosas superfluas. Y en mi caso yo antes tenía una antena que funcionaba genial, una antena de frecuencias positivas, pero se estropeó y era el momento de resintonizar. Sí amigx, esas frecuencias existen y existirán siempre. Por eso, sabiendo esto, sintonicemos con la frecuencia de la buena vida. Siempre la clave será dónde colocas tu atención. Esa elección es tuya.

¿Pero cómo tener la fortaleza de cumplirla?

Permíteme, que regrese cuatro meses atrás y te ponga en la situación que yo me encontraba, tal vez desde ahí puedas entender dónde viene la necesidad de este cambio.

A finales del mes de abril, después de casi ocho meses de la trágica perdida de mamá, cansado de no conciliar más de dos horas de sueño diarias, repito, 2 horas de sueño diarias. Cansado de tirar de voluntad, garra, y sacrificio para amanecer cada día, sin encontrar la risa fácil, con el corazón en cenizas y acompañándome el desasosiego a lo largo del día, surgió una llamada a un acto de valentía. Y es que necesitaba despojarme, o aprender a hacerlo de aquellos pensamientos que me hacían sufrir, y desde mi subconsciente yo ya sabía que simplificando mi vida, o aprendiendo a hacerlo iba a resetear mi mente para aprender de nuevo lo importante.

Simplificar está directamente relacionado con colocar la atención en lo importante. Cuando focalizas construyes, y construir es lo más positivo que puedes hacer para ser feliz. Es lo opuesto a destruir, y tu mente no puede hacer dos cosas a la vez, mientras tu mente esté focalizada en mentalidad de crecimiento no puede hacerte sufrir. Ir a por tus sueños, a por tus metas y retos siempre será el mejor camino para vivir.

Después de estos 120 días, de algún modo me he liberado de un montón de cargas  innecesarias, y gracias a ello empecé a caminar más liviano. De otro modo, simplificar para vivir con lo necesario, puesto que en una furgoneta no cabe mucho. Asique empecé a usar dos pantalones, dos o tres camisetas y así sucesivamente. Rompía con la dependencia del consumismo de un modo absolutamente radical y aumentaba mi libertad.

Rompía también con la pertenencia a todos los objetos que tenemos alrededor, un gran numero de cosas inservibles, de cosas que: lo guardaré por si acaso algún día… y  cosas que nos hacen sentir más seguros y con más identidad. Creemos que nosotros somos lo que somos gracias a esos objetos. Gran mentira.

(sabemos que el consumismo llena de algún modo las carencias de nuestro ser, poseer objetos materiales, compras compulsivas, tener, tener, llena de manera pasajera ese sentimiento que nos está molestando, pero te recuerdo, sólo en el momento)

Por eso necesitaba un cambio tan tan grande, para que yo pudiera despejar de la ecuación lo que no me permitía seguir creciendo.

Parte de mi mente no consciente guardaba información de un pasado no muy lejano en el:

“Que yo soñaba con recorrer lugares mágicos en una furgoneta, viajar, y poder ver cada amanecer y atardecer junto al mar, con las olas como despertador y con las olas como canción de nana.”

Lo que no sabía era cómo iban a actuar las olas, permaneciendo días  y horas junto al mar. Las olas han sido mi mantra, el equilibrio para mi ser.

(Mantra; def: Palabra sanscrita. Sonidos o palabras que, según algunas creencias,  poseen algún poder psicológico o espiritual, actuando como equilibrio)

Comencé de nuevo a ver con claridad, y sentía de algún modo que estaba alcanzando una frecuencia nueva, donde vuelvo a emitir y contagiar a los demás mi esencia. Para de algún modo seguir en la tarea de ayuda a otros, de explorar y de poder compartir aquellos aprendizajes que pueden servir a los demás.

De algún modo, más no es mejor!. Dejar una vivienda, despojarse de bienes materiales, numerosos electrodomésticos que nos hacen la vida más fácil, numerosas prendas para elegir adornar tu piel, un coche para moverte fácil por una ciudad, electricidad, agua y gas sin limites, no significa que vayas a tener una vida mejor. Porque en mi caso tener que ir a por 10 litros de agua (por ser una necesidad básica) para beber, cocinar, o hacer café, supone lo más importante de cada día, y que cuando se acaban (más o menos en 4 días, no hay más) hasta que tu te muevas a por ello.

Entonces ir a por agua y mantener los servicios diarios necesarios para vivir en una furgoneta me hizo moverme, aprender a moverme de nuevo en la dirección de lo importante, y cada vez que lo hago, me demuestro que menos es más, porque cuanto menos hay, más tengo que actuar, (igual que la naturaleza, en continuo movimiento, y en continuo cambio). Y de algún modo, ir más liviano por la vida y ser autosufiente con esta nueva aventura ha hecho que de nuevo vuelva a creer en mi, sabiendo que puedo resolver cualquier adversidad.

Por eso ahora mismo tener agua me hace feliz, porque entiendo con plenitud la necesidad de tenerla y por lo tanto mi carácter apreciativo hacia las cosas importantes se ha desarrollado a un nuevo nivel.

Imaginate lector, si aprecio así el agua como podemos llegar a apreciar a las personas, que son y serán, lo más importante de nuestras vida.

Después de cuatro meses, sin muchas comodidades, a veces golpeándome la cabeza con  el techo de la furgoneta, en el último mes iluminado con la llama de una vela por falta de energía, machacado por los mosquitos y demás insectos, descongelando la nevera cada 10 días, encontrándome sin agua para beber en alguna ocasión y un sinfín de situaciones que no te imaginas, habiendo simplificado a lo bestia, volví a dormir ocho horas seguidas. Sí, amigxs, curé mi insomnio en una furgoneta, sin los lujos de una vivienda, y con alguna carencia. Con el ruido de la calle, los coches pasar, el camión de la basura a la 1:00 am, los jóvenes fiesteros gritando de madrugada, la policía aporreando mi puerta todo el verano a las 8:00 am y la lluvia con sus tormentas veraniegas rascando el techo de chapa, y aún así, con todo, volví a dormir. Los ruidos se disimulan con unos tapones. Los vacíos del ser no.

Creo que cuanto mayor es el cambio, mayor también es la transformación.

“Te tienes que mover”

“muévete”

Esta siempre será la clave, pasar a la acción. Y sí. Efectivamente necesitarás un acto de valentía. No te lo puedo negar, pero la decisión es mía, al igual que también tuya, y siempre, ese acto de libertad será el bien más preciado que poseemos.

Decía Viktor E. Frankl, prisionero de uno de los mayores campos de concentración Nazi, que las circunstancias externas pueden despojarnos de todo, salvo de la elección propia, de elegir cómo reaccionar ante eso que nos ha pasado. Esa elección es nuestra esencia como seres libres. 

(Nota sobre Viktor Frankl: He de reconocer que este austriaco, de religión judía, de profesión psiquiatra, y superviviente de un campo de concentración Nazi, con su historia de superación personal y ayuda a los demás internados de Auschwitz ha sido y es para mi una inspiración increible)

Por último y como nota y resumen importante, dediquemos el tiempo necesario a  crecer hacia dentro, de desarrollar nuestra resiliencia (link), de introducir pequeños hábitos (link) en nuestra vida que nos fortalezcan,  como la gratitud (link), respiración plena (link), el ejercicio físico (link) y así,  por este camino poder acercarte queridx lectorx hacia la forma de pasar a la acción (link). Porque muchas veces, la mayor de nuestras crisis personales es la mayor oportunidad de reiventarnos y convertidos en la mejor versión de nosotros mismos.

 


En Youtube estoy contando mi historia, no te la pierdas:

Jose Reven en youtube

https://www.youtube.com/channel/UCxo8mutBeRcL0sPvHEwTslg?view_as=subscriber

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